domingo, 28 de diciembre de 2008

-Si te concedieran lo que más quisieras de este mundo, cualquier cosa, ¿qué pedirías?
Sentí el escepticismo en mis ojos.
- A ti.
Sacudió la cabeza con impaciencia.
-Algo que no tengas ya.
No estaba segura de adonde me quería conducir, por lo que le di muchas vueltas antes de responder. Ideé algo que fuera verdad y al mismo tiempo bastante improbable.
-Me gustaría que no tuviera que hacerlo Carlisle... Desearía que fueras tú quien me transformara.
Observé su reacción con cautela mientras esperaba otra nueva dosis de ira demostrada en su casa. Me sorprendía que mantuviera impertérrito el ademán. Su expresión seguía siendo cavilosa y calculadora.
-¿Qué estarías dispuesta a dar a cambio de eso?
No pude dar crédito a mis oídos. Me quedé boquiabierta al ver su rostro sereno y solté la respuesta a bocajarro antes de pensármelo:
-Cualquier cosa.
Sonrió ligeramente y frunció los labios.
-¿Cinco años?
Mi rostro se crispó en una mueca que entremezclaba desilusión y miedo a un tiempo.
-Dijiste cualquier cosa-me recordó
-Sí, pero vas a usar el tiempo para encontrar la forma de escabullirte. He de aprovechar la ocasión ahora que se presenta. Además, es demasiado peligroso ser sólo un ser humano, al menos para mí. Así que, cualquier cosa menos eso.
Puso cara de pocos amigos.
-¿Tres años?
-¡No!
-¿Es que no te merece la pena?
Pensé en lo mucho que había deseado aquello, pero decidí poner cara de póquer y no permitir que se diera cuenta de lo mucho que significaba para mí. Eso me daría mas ventaja.
-¿Seis meses?
Puso los ojos en blanco.
- No es bastante.
-En ese caso, un año-dije-.Ése es el límite.
-Concédeme dos al menos.
-Ni loca. Voy a cumplir diecinueve, pero no pienso acercarme ni una pizca a los veinte. Si tú vas a tener menos de veinte para siempre, entonces yo también.
Se lo pensó durante un minuto.
-De acuerdo. Olvídate de los límites de tiempo. Si quieres que sea yo quien lo haga, tendrás que aceptar otra condición.
-¿Condición?-pregunté con voz apagada-.¿Qué condición?.
Había cautela en su mirada y hablo despacio.
-Casarte conmigo primero
-...-le miré, a la espera-.Vale,¿cual es el chiste?
Él suspiró.
-Hieres mi ego, Bella. Te pido que te cases conmigo y tú piensas que es un chiste.
-Edward, por favor, sé serio.
-Hablo completamente en serio- no había el menor arisbo de broma en su rostro.
-Oh, vamos-dije con una nota de hsiteria en la voz-. Sólo tengo dieciocho años.
-Bueno, estoy a punto de cumplir los ciento diez. Va siendo la hora de que siente la cabeza.

No hay comentarios: